EL OTRO MIRANDA.

Nací entre símbolos que representaban mi patria, conocí la bandera de mi pais antes de aprender a pronunciar palabra alguna. No me excuso pero algo debía de ocurrir en mi cuando supe saber mas de los héroes libertadores que de mi propia familia. Aun tengo el recuerdo de los incontables libros de historia que me acompañaron todo el tiempo que no tuve amigos, mi padre nunca estuvo y madre me los obsequiaba a montones. Fue una infancia muy dura ya que acompañado por el asma no podía correr o jugar con los demás, pues mi contextura física no era entonces la del deporte… Estaba frustado, me sentía el hijo impedido de aquellos libertadores patrios del pasado.

Desde entonces mi vida se ha basado en la admiración de aquellos héroes, milité sin gloria en busca de una carrera militar honorable pero la corrupción y falta de hombría de los lideres no hicieron mas que alejarme de la militancia. Una vez mi abuela me contó sobre un bisabuelo mio que había sido guerrillero y no un cobarde como mi padre, me contó como nuestras quijadas se parecía y como nuestra forma de hablar era misma. Yo me emocione al saber que murió enfrentando a sus enemigos armados con un simple machete y su cólera. Todos decían que Orinto, mi bisabuelo, tenia bolas. Yo lo creía un Ayax.

Termine dedicado a la literatura, escribí un tiempo para vivir y conseguir que ese oficio me aportara el sustento a mi y a mi madre. Me Curtí en la historia militar de la humanidad y presencie entre aquella enciclopedias las guerras púnicas romanas, las campañas españolas, las avanzadas de sultanes y los poderíos de los califas. Observé como en una película, como la historia estaba repleta de generales que comandaban ejército con la habilidad con que otros mueven las piezas del ajedrez. Romel, Escipion, Bolívar, Catón, Cesar. Páez, Suleiman, Nelson. Pero ninguno a pesar del tiempo histórico y cualidades individuales superó la carrera militar de Francisco de Miranda. General entre generales que había estado inconforme con la libertad de su época.

Guiado por lo que haría Miradan si fuera Yo. Mi espíritu siempre estuvo libre de avaricia, la cólera alcance contenerla y mis habilidades de estratega solo esperaban ser ejercidas en el campo. Recuerdo que en el golpe de estado dispare por primera vez un arma, Hugo Chavez hacia ligeros los pasos del cambio y su visión me satisfacía, no participe por alguna clase de reconocimiento, lo hice por el bien común del futuro y no mentiré, también lo hice por el clamor de la batalla. Que lamentable es ver como los sueños que tenia sobre el porvenir unos cuantos inútiles los pisotearon. Malditos que aprovecharon la democracia para satisfacer su avaricia. Ninguno reacciono ante la mirada de Miranda, Bolívar, Zamora o Páez. Todos se corrompieron.

Algunas veces, negado a mi realidad, salí de casa buscando las huellas de los generales sucesores en nuestro tiempo. No soporte ver mas sin hacer nada como derrumban a sus protegidos por dinero. Visitaba el panteón nacional con regularidad, los lugares históricos donde vivieron buscando alguien de rasgos capaces, incluso conversaba con la gente. Me plague de referencia buscando encontrar un hombre que fuera vástago del linaje de estos héroes, ya que difícilmente yo lo era. Buscaba así fuera el ultimo y mas débil de ellos, quería medir que potencial llevaban en la sangre y de que tamaño era su espíritu. Pero todo intento se complicó cuando los diligente políticos del país comenzaron a corromperse en la cuna socialista asesinándonos a todos por igual mientras sus arcas no hacían mas que engordar con propiedades en suelos ajenos a la patria. Su humanidad siempre estuvo muerta y cuando el falto lo demostraron. Malditos Traidores. Hasta generales participaron en esto. Modernos: me pareció sinónimo de Debilidad Humana.

Francisco de Miranda deseaba libertad y estaba dispuesto a renunciar su dinero para obtenerla, estos modernos son todo lo contrario, sacrificaron la libertad para obtener dinero. El contraste puede enseñar a un niño lo que valen ciertos hombres.

Después de mis decepciones me sentí en el infierno, no había un Dante sino yo, Fausto Sarmiento. Hundido en lo que alguna vez fue paraíso me sentía tan perdido como Virgilio al ver el purgatorio y tener que devolverse solo al circulo del limbo; al circulo donde siempre perteneció. Todas esas visiones del malestar de las almas no están justificadas por el encuentro con una mujer y fue esto lo que fomento Bolívar con sus mujeres ejemplares. Termine trabajando de bibliotecario en Mérida, un local no muy lejos de una Heladería que en sus tiempos obtuvo fama mundial por sus sabores.

Entre los innumerables tomos recuerdo haber abandonado mi búsqueda de los representantes del pasado. Mi idea paso a parecerme romántica y según alguna lecturas a las que me encadenaba comencé a pensar que esa búsqueda era la búsqueda de mi mismo en los otros. Yo renuncie a mis sueños de ser general. No habían generales en este tiempo. Renuncie también a ser general en el pasado (Roma quizá o las luchas de independencia) y secretamente renuncia a ser un hijo descendiente de aquellos libertadores. Todo eran asuntos no resueltos con mi figura paterna y una resolución edipica conflictiva ya que a mi madre le gustaban los militares inservibles. Pero por mas familiarizado que estuviera en ese momento con Freud, al ver aquel joven de caminata sensata no engañe mi vista tachándola de defensa ante lo real. Mi búsqueda estaba terminada.

Hábil en la lectura, bueno recordando acontecimientos, comencé a formar amistad con aquel extraño sospechando que sus raíces fueran de esperanza. Me admiraba en el. Le enseñe todo lo que sabia, aprendió hasta a leer el tarot, fue un excelente alumno insaciable en los conocimientos, era hábil físicamente y no enfermaba casi, yo sabia que poseía madera de líder y estaba colaborando en darle forma tal como se formaron los grandes hombre en el pasado. Después de unas lecciones es de Ética hace 14 años se acerco un día con unos papeles antiguos mezclados con unas hojas mas recientes. Eran los documentos de un árbol genealógico que le unía a el y otros con los próceres de mi patria… Echamos las cartas y el mundo anuncio la bienaventuranza y lo motive a irse del país ocultando la carta de la muerte a su vista.

Hace 14 años que vendí la biblioteca, el muchacho partió en un viaje a confirmar sus orígenes y yo cuide de sus propiedades en el país cubierto con un manto de esperanza y con un arma cargada para el momento de salir a cambiar el mundo. He cuidado mi salud. Esta mañana me vi el espejo idéntico al Generalísimo Miranda espero que note lo mucho que nos parecemos. He cuidado de no morir todo este tiempo. Ya tengo 50 años en vida y mas de 500 en conocimientos.

El llego al aeropuerto de maiquetía a las 12:30 del medio día, era uno de esos días donde las nubes niegan el paso del sol con su presencia en el cielo. Yo, Fausto Sarmiento le esperaba desde uno de los fríos bancos de acero intentando disimular mi inquietud por los resultados de su investigación. No me había contado nada por teléfono. Francisco Fajardo, a quien esperaba, le destinaba la gloria.

En el 2004 Fajardo fue a dar con un documento que le heredaba un abuelo suyo de nombre Babilonio y de nacionalidad española; el documento era un árbol genealógico que dibujaba para nuestra sorpresa el linaje de los próceres y entre ellos el que mas me importaba era el de Francisco de Miranda. Los nombres que allí observamos comentaré se dividían en mas de 11 apellidos y distintas nacionalidades. Mi amigo Fajardo aparecía al final de una de las lineas que nombraba sus antepasados. Lo recibí como si no hubiera desaparecido por estos 14 años, quise preguntar por el documento pero lo sentí una pregunta apresurada, así que solo nos saludamos y salimos caminando del aeropuerto mientras me comentaba lo deteriorado que se veía todo.

-Lo encontré- me dijo estando en su camioneta -En Rusia los nombres concordaron, en Francia lo mismo, en España. Solo me fue difícil localizarlos en Estados Unidos – Yo me anime un poco, a mi lado tenia un descendiente de algún héroe de la libertad. Sentí esperanza, las cosas en Venezuela no marchaban bien y la política se había poblado de seres deplorables. El significaba una oportunidad, el pueblo le seguiría, su sangre tenía la del pasado y eso era lo importante.

Fajardo me relataba como tuvo que tomar excesivas precauciones para no hacer publico aquel árbol. Me contó como su alejada familia se sorprendía y a su vez explicaban las casualidades de su carácter. Ese mismo día le enseñe uno de mis tesoros. Había yo adquirido la argolla de oro de Miranda, la misma que usó mientras Michelena lo pintaba. No se si era el pasado romántico pero todo sobre el generalísimo me exaltaba las venas y convertía mi ánimo en volátil.

-Soy descendiente del general que llevó mismo nombre que yo- me dijo. Y observe todo caerse a mi alrededor. Mientras conducía deje de escucharle, él solo presumía de mi carencia, mis temores estaban confirmados: yo no poseía esa sangre en mi cuerpo. Por mi mente pasaban los libros de historia del generalísimo, nuestro parecido en las pinturas, me vi idéntico a el en el retrovisor. ¿Debía renunciar en ese momento a mi sueño? No. El temple de hombre lo herede en espíritu.

Ciego de envidia no tolere una palabra mas de su boca, escuchaba como su tono de voz aumentaba hasta no permitirme escuchar otra cosa, sentí mis cienes explotar, solo un pensamiento se repetía mil veces en mi cabeza. Tenia miedo de perder el control, me temblaban las piernas y comencé a sudar. Aumente la potencia del aire acondicionado pero nada cambio. Pare en un callejón y le dije que hace mucho tiempo que no leíamos el destino en las cartas. Fue un designio que tuviese una en su chaqueta. Las giro en sentido de las agujas del reloj, sentí que me raspaban los oídos cada vez que giraban, la barajó mientras me contenía y sacó con la mano izquierda una carta de cada uno de los tres montones. No soporte y comencé ahorcarlo. Una fuerza me empoderaba, los brazos no me temblaban y sentí ceder su garganta entre mis palmas. Un crujido fue acompañado de la quietud, apenas y me dejo arañasos, sus ojos estaban hinchado como queriendo escapar de sus órbitas. Las cartas estaban regadas menos las que había escogido que estaban cerca del parabrisas. Allí lo vi era el ahorcado, la muerte y el diablo. Fue lo mejor que pudo pasar Dos descendientes del general no tenían espacio en el mismo mundo.

Aunque raskolnikov matase para probar sus genes napoleónicos yo lo hice por las de su enemigo Francisco de Miranda. Me sentí feliz y conversador mientras dialogaba con el muerto las alegrías. Tomé el documento de su maletín y cambie su nombre por el mio con la pluma, Fausto Sarmiento escribí con mi mejor caligrafía. Me volví a ver en el retrovisor, acomode mis cabellos blancos y saque de la guantera la argolla de oro que no tarde en posar sobre mi cuerpo, justo donde la usaría aquel ancestro ahora mio. Recordé a Carlyle en ese momento, yo me sienta un héroe, veía predestinado estos hechos desde que la muerte había aparecido invertida el día que Francisco inicio su viaje.

El honor inundaba mis venas, molde del mismo molde estaba preparado, todo se haría público y yo de forma segura asumiría la presidencia, nadie la negaría al hijo de un patriota, ni siquiera ese falsario de Bigote. El seguro bailaría bajo mi seguridad. Llore, llore en mi asiento por perder a un amigo, era tarde para pensar en repartir los ejércitos que comandar. Lo acomode lo mas que pude como si estuviera dormido, aun quedaba camino por recorrer y el tenia otra parte que cumplir en mi apoteosis.

El destino me pedía ahora alejar la pereza. No esperé mas tiempo para regocijarme en mi casa, guardé la camioneta en el garaje y subí al difunto conmigo por las escaleras, algo me hacia pensar en que estaba vivo, una parte de mi deseaba llevarlo al hospital y otra reclamaba la satisfacción de mis pulsiones y el quiebre del tabú de la carne. Busque los implemento y comencé a encender el fuego de la parrilla. Miré en la sala en gran cuadro de Francisco de Miranda y éramos tan parecidos que me miraba con aprobación el sabia lo que me disponía hacer y también sabia que eso nos haría la misma persona…

Aun estoy despierto, son mas de las 3 de la madrugada, estoy repleto no he podido dormir nada, siento como mi cuerpo cambia y como mis proporciones se moldean a las de Miranda. Leo mientras que todo pasa, una ilustración de la Divina Comedia despertó en mi la fascinación. Caronte atravesaba a las almas a su destino en una balsa, yo pude imaginar como cuando muera me apartaran un lugar especial en aquella, pues quien mas que yo, un general tal grande y manchado de sangre para tener ese espacio ¿Quien mas sera un hombre tan digno como yo de un lugar en el infierno?. Sea el cielo con Francisco Fajardo.

Ahora vestido de uniforme de campaña, mis soldados esperan mis ordenes. En mi cintura luzco espada y pistola. Saldré a la ventana y recibiré la gloria de dominar legiones de soldados. El mal sera purgado de este mundo. La libertad sera todo, pues yo soy Francisco de Miranda, ancestro de Fausto Sarmiento.

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