Entrada Al Vacío: ¿Es Posible? (I)

Una de las condiciones que hacen del Vacío algo apenas imaginable es la propia lógica del vacío, téngase por ejemplo que para manifestar que el vacío no necesita nada para estar y ser en si, el vacío requiere de cierta lógica que derribe cada proposición lingüística que proponga hacer del vacío algo. Entonces obtenemos de nuestros razonamientos apenas y un contacto con esta lógica pero seguimos ignorando lo que buscamos conocer. El resultado es que se habla esa lógica y se conoce esa lógica y nos relacionamos entonces con un símbolo incompleto cuya función es la de envolver lo que en si no se puede simbolizar : el vacío propiamente existente. En Occidente esta es nuestra perspectiva y se ha perpetuado esta visión durante largo tiempo.

Hablar del vacío, adentrarse en su consistencia, tiene sus propias limitaciones, ya que como vemos por medio del lenguaje apenas y se podrá conocer sus envoltorios. Manly Palmer Hall en su libro “Lo que la sabiduría antigua espera de sus discípulos” Comenta sobre la actitud de dos hombres sabios referente a su postura discursiva ante el vacío (absoluto):

•Cuando preguntaron a Buddha acerca de lo Absoluto, rehusó discutir el tema. El mismo silencio observó con respecto a los dioses, pues sentía que estaban por encima del plano de la inteligencia humana. Se le consideró, por consecuencia, ateo o, al menos, panteísta, cuando en realidad fue su respeto y reverencia a la deidad lo que lo llevó, en su sublime sabiduría, a dejar de pronunciar palabras cuya insuficiencia no haría más que profanar las cosas sagradas. Cuando los discípulos de Sócrates interrogaron a su maestro acerca de lo absoluto, éste rehusó discutir el tema, diciendo que ello sobrepasaba su saber, amen de que no tenía finalidad práctica en la vida cotidiana. Pero siempre habrá tontos que se zambullen donde los ángeles no se atreven a entrar. Mientras las inteligencias más grandes que produjo la humanidad no se atrevían a profanar con palabras lo que consideraban demasiado sagrado para ser abarcado por palabras, más de una persona sin información, ni idoneidad, ni nada mejor, trata de impresionar a los ignorantes con la discusión voluble de cosas que no conoce.

¿Somos entonces el tonto aventurado o debemos jugar a la indiferencia del ángel que no se atreve? ¿Acaso buscar conocer estos envoltorios puede llevarnos alguna parte más allá de la profanación de lo divino? Son muchos los teóricos que nos invitaran a esta estéril investigación de lo no comentable, pues aunque muchas caras de este símbolo se resisten a ser simbolizadas, en su concepción de práctica son experimentables desde ciertas doctrinas religiosas.

Un punto de entrada a estas cuestiones relativas a lo no simbolizado puede encontrarse en la Sabiduría Antigua: se observa en el Budismo, Taoísmo y en el Zen; en cualquiera de sus distintas ramas prácticas y en la estructura de sus doctrinas abiertas. Estas son tradiciones que ejercen fuera de los textos escritos y de forma independiente de las palabras y los signos lingüísticos, son caminos que buscan mostrar el corazón del hombre, contemplar la naturaleza y proponerse ser Buda(en su etimología iluminada).

Byung-Chul Han (2002) reconoce en este escepticismo respecto al lenguaje una desconfianza fundamentada en alejarse de las lógicas efímeras, y ve una forma práctica de relacionarse mediante el no decir, con lo que escasea de palabras (el vacío), desde sus formas no usuales de comunicación. Recordemos que ante la pregunta «¿qué es…?», los maestros zen reaccionan no pocas veces con golpes de bastón, lo mismo ocurre con el silencio de Buda o los requisitos pitagóricos para el aprendizaje.

Lo que ocurre en estas prácticas es que al excluir toda palabra -símbolo y posiciones ante el mismo- la entrada al vacío existe: se hace contemplativa… es decir se vive como una práctica donde el que contempla es consciente de fundirse con dos cosas: (1) su Estado contemplativo y (2) todo aquello que contempla. La doctrina Budista sugiere que es en este instante de la vivencia contemplativa donde ya no hay nada que contemplar pues todo está fundido. No es una experiencia meramente intelectual sino que se vive, la Estrada al vacío es una práctica no un saber, es un vivir que se ejerce.

Pitágoras, Hermes, Sócrates, Jesús y Buda. Por donde quiera puede encontrarse esta verdad a medias, solo resta experimentar, ejercer la vida. Tomar el lugar que le corresponde al universo en el hombre. Esta serie de entradas estará plagada de los fundamentos de este razonamiento y muchas de las consideraciones que de esto se desprenden.

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